Era el clímax apropiado de una vida milagrosa
Mientras Jesús colgaba de una cruz romana, la muchedumbre de burlaba de Él. Ayudó a otros, pero, ¿podría ayudarse a Sí mismo? ¿Habría llegado súbitamente el fin del milagro? Parecía ser un final inesperado para alguien que comenzó su vida pública convirtiendo agua en vino. Durante los tres años de su ministerio, caminó sobre agua, sanó a los enfermos, abrió los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos, soltó la lengua de los mudos, restauró brazos y piernas secas, sacó demonios, calmó una tormenta violenta, y resucitó muertos. Hizo preguntas que ni aún los sabios supieron responder. Enseñó profundas verdades con las más simples comparaciones. Y confrontó a los hipócritas con palabras que los desenmascararon. Si todo esto fue cierto, ¿por qué ha de sorprendernos que sus enemigos no dijeran la última palabra?
Concuerda con la experiencia de los que confían en Él

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